¿POR QUÉ NO GRITAR A LOS NIÑOS?

¿POR QUÉ NO GRITAR A LOS NIÑOS?
- Los gritos no dejan secuelas físicas, pero sí psicológicas y emocionales. Crecer en un ambiente familiar donde los gritos son habituales daña la autoestima y autoconfianza del niño, hace que estos se conviertan en personas inseguras y miedosas. Todo ello en una etapa fundamental de la vida que es cuando están construyendo su personalidad.
- Los padres somos ejemplo de conducta para los hijos, por lo tanto asimilarán el grito como una estrategia o forma de comportamiento ante las adversidades que le presente la vida o cuando algo no les guste, sometiendo a las personas que les rodean (incluso a los padres). Tendrán una baja tolerancia a la frustración porque no dispondrán de estrategias para superar las dificultades o problemas.
- Aunque gritemos a los niños ellos no internalizan el significado de por qué se han enfadado sus padres, simplemente dejan de hacer lo que estaban haciendo por miedo.
- Puede que elevar el tono en un momento determinado cause su efecto, pero si esto se realiza de manera constante el niño se acostumbrará y los gritos no tendrán el “efecto educativo” que los padres desean.
- El niño al no sentirse querido y valorado puede revelarse ante la autoridad.
 - Un hogar en el que están presentes los gritos debilita la armonía y convivencia familiar, no es un lugar en que el niño se sienta tranquilo y seguro, necesidad básica que la familia debe cubrir en el niño.

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